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Anónimos

septiembre 2, 2012
Cuando se habla de que, por ejemplo, los Mercados no dan tregua a la deuda española, parece que estamos hablando de un ente suprahumano, informe, guiado por el albur y de decisiones impredecibles. O sea, un Ser todopoderoso y anónimo al que no puede uno dirigirse de una forma racional, sino mediante rogativas cabalísticas y sacrificios humanos.
Yo no sé muy bien si los Mercados son todopoderosos (aunque lo parece), pero, desde luego, tengo muy claro que no son anónimos.
Los Mercados (a los que podíamos llamar, más justamente, el Capital financiero o especulativo) se dedican a crear “burbujas”, que no son sino esquemas de inversión piramidales, en los que los primeros que entran van ganando dinero a costa de los subsiguientes inversores, hasta que deciden que hasta aquí hemos llegado, se salen del esquema piramidal, recogen beneficios, y dejan el marrón a los últimos que han entrado (los pringaos).
Y esos primeros que entran y crean la burbuja especulativa se llaman, por ejemplo, y sólo citaré ejemplos españoles, Emilio Botín, José Ignacio Sánchez Galán o Juan Abelló. Esta gente, que cuenta con millones de euros, siempre obtenidos de forma trapacera, se pusieron a final de los años 90 a invertir en empresas tecnológicas de nueva aparición, subiendo sus precios en Bolsa de una forma desmesurada. Cuando consideraron que los precios estaban suficientemente altos, sacaron todo el dinero y la famosa burbuja de las .COM estalló, dejando como resultado unos pocos inversores mucho más ricos y muchísimos pringaos bastante más pobres.
Una vez que la Bolsa se fue al carajo después de las .COM, la siguiente burbuja que crearon y en la que participaron estos personajes (por poner algunos otros nombres, Amancio Ortega, Rodrigo Rato o Florentino Pérez) fue la de las propiedades inmobiliarias. El esquema sigue siendo igual de simple: inversiones descomunales que hacen subir los precios inmobiliarios hasta las nubes, especuladores de segunda fila que se suben al carro contribuyendo a la subida de precios y, una vez alcanzados determinados niveles, los grandes inversores se salen en masa y el mercado se desploma, dejando en el camino las consecuencias que todos conocemos.
Después de quemar la Bolsa y el inmobiliario, los grandes especuladores como Felipe González, Francisco González o Alfredo Sáez, han puesto ahora los ojos en la deuda de algunos Estados. Mediante complejos mecanismos indirectos (en general, los derivativos), esta gente compra y vende deuda pública, generando confianza o desconfianza según meten o sacan sus innumerables millones, de forma que compran deuda con alta rentabilidad y venden deuda con baja rentabilidad. Eso sí, siempre son ellos los que determinan qué deuda tiene alta o baja rentabilidad a fuerza de mover millones de un lado a otro.
Esta vez, los pringaos somos todos, nos guste o no arriesgarnos financieramente, porque los Estados (como el español), para poder pagar los elevados intereses que les obligan a abonar los especuladores no-anónimos, han optado por sacarnos de los bolsillos las cuatro perras que tenemos.
A mí ya me parece suficientemente mal que exista el Capitalismo financiero, me alucina que solamente los derivativos muevan más de 1.000 billones de dólares al año, frente a una producción global de bienes y servicios en el mundo (GDP) de 60 billones de dólares, me descorazona que la riqueza, en lugar de estar repartida, vaya acumulándose, minuto a minuto, en las manos de unos pocos y cada día más personas vayan deslizándose por la pendiente de la necesidad y la miseria.
Pero lo que ahora mismo me parece peor, me alucina, me descorazona y me cabrea de la hostia, es que personajes tan estúpidos, tan ineptos, tan mediocres y tan lamentables como Rajoy, Montoro, Cospedal, Aguirre y compañía, me vengan a contar cuentos de Caperucita en los que para generar la “confianza de los Mercados” hay que hacer que amplísimos sectores de la población española tengan que vivir mucho peor, y mañana todavía peor, y cada día un poco peor.
Como si ellos no supiesen que los grandes especuladores (con muchos de los cuales se han sentado a comer en más de una ocasión) están a otro rollo, les importan una mierda los recortes, y sólo dejarán de hacer subir el diferencial de la deuda española cuando a ellos les salga de las narices, porque ya hayan ganado bastante y hayan encontrado otro instrumento especulativo más divertido o más rentable.
Por si quedase alguna duda de lo que piensan los Mercados sobre estas vueltas de tuerca al nivel de vida de la población española, justo un día después de aprobarse las últimas medidas de empobrecimiento y restricción de derechos económicos de los ciudadanos corrientes, la benemérita Prima de Riesgo alcanzó niveles récord y superó el umbral mágico de los 600 puntos. Está visto que, para dar confianza a “los Mercados”, este gobiernucho de mierda que tenemos se las pinta solo.

From → Economía

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