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Empresarios

septiembre 3, 2012
Hay personas que están secuestradas intelectualmente por su época. De alguna forma irracional piensan que lo que hay ahora es inmutable, ha sido siempre y será siempre así.
Esta gente justifica todo lo que ocurre ya que, piensan, la realidad actual es inmanente al mundo y, puesto que las cosas no son de otra manera, habrá poderosas razones para que las cosas sean como son.
A los que cogen leña en el bosque del señor, han pensado en alguna época, se les ahorca porque es la forma de defender la propiedad privada. Si no fuese por los amos, los esclavos no podrían tener un techo y una comida cotidiana. A los adúlteros hay que lapidarlos para fortalecer la sagrada institución del matrimonio. Las mujeres deben estar sometidas porque Dios las hizo inferiores. Bueno, de las mujeres casi mejor no hablar, porque las “realidades” que se han asumido sobre ellas son espeluznantes y no todas han dejado de estar en vigor.
En nuestra época, es de “conocimiento” común que las personas, por naturaleza, anteponen sus intereses individuales a todo lo demás, que buscan su máximo beneficio y bienestar por encima de cualquier otra consideración, y que todo tiene un valor económico y monetario.
Este modelo social materialista y economicista está representado, de manera particular, por las empresas privadas y los empresarios que las gestionan. En esta sociedad, en que tanto se loa a los empresarios, las gentes de pensamiento ortodoxo, los que no piensan más que lo que se considera adecuado que piensen, afirman que los empresarios existen para generar empleo.
No se les ocurre pensar que el trabajo lo generan las necesidades de la sociedad. La empresa es el modelo económico mediante el que, hoy en día (pero no desde y para siempre), se canaliza y gestiona el trabajo para la producción de las necesidades, o los caprichos, que demanda la sociedad.
Los empresarios, en realidad, lo que hacen es convertir la satisfacción de esas necesidades en una estructura productiva en la que que unos muchos se esfuerzan y empeñan su vida a cambio de una porción ínfima de lo que producen, y unos pocos acumulan riquezas crecientes generadas por el esfuerzo y la producción de los muchos.
Los empresarios no son esas personas que el pensamiento ortodoxo se empeña en vendernos como próceres que tienen una idea brillante, una energía desbordante y una capacidad de gestión que los diferencia de la media. Prácticamente nadie (desde luego, habrá excepciones, pero se pueden contar con los dedos de la oreja) ha conseguido que prospere su empresa si no ha contado, previamente, con unos recursos económicos que no están al alcance de la mayoría, con una red de influencias y contactos, con un entorno legal o ilegal que les protege, con una situación, en resumen, que le proporciona una ventaja sustancial en el inicio de la carrera. Quien piense de otra manera, no ha conocido nunca, de forma cercana, a empresarios. Puede parecer presuntuoso, pero yo sí he conocido, casi íntimamente, a bastantes empresarios y lo que digo se origina a partir de mi experiencia.
Podría extenderme en ejemplos deplorables de los empresarios emblemáticos de este deprimente país. Díaz Ferrán (presidente de la Confederación Empresarial) que llevó a la ruina a varias empresas en medio de innumerables mentiras y falsedades, imputado por apropiación indebida de 4,4 millones y sospechoso de evasión de impuestos. Botín, absuelto de innumerables delitos financieros “por prescripción” de los mismos (ver hemerotecas desde 1994), el último, la evasión a Suiza de unos 6.000 millones de euros. Alfredo Sáenz, indultado de los delitos de acusación y denuncia falsa por una reclamación inventada de 3,6 millones a supuestos acreedores de su Banco (acreedores que sí fueron a parar, indebidamente, a la cárcel). César Alierta, absuelto “por prescripción” de los delitos de manejar información privilegiada y pseudoventa de una empresa que le reportaron 1,86 millones de euros. Las célebres parejas Abelló y Conde, o la de los Albertos, de los que sobran comentarios. Sin hablar de los empresarios de la construcción.
O el héroe de nuestro tiempo para muchos, Amancio Ortega, cuyo conglomerado de empresas se lucra del trabajo esclavo de niñas de 8 años en China y Bangladesh, y que ha debido pagar una indemnización de 1,8 millones de dólares al Ministerio de Trabajo de Brasil para subsanar denuncias sobre trabajo en condiciones análogas a la esclavitud. Bueno, todos estos ejemplos de rapiña empresarial, y más que podría citar, son muy aburridos y puede encontrarse información a raudales en la Red.
Los empresarios, especialmente los grandes empresarios, son, en realidad, personas rapaces que viven (es la esencia de este Sistema, pero no es la esencia del ser humano) obsesionados por el corto plazo, buscando a toda costa maximizar beneficios para presentar las cuentas del próximo trimestre, sin preocuparles en absoluto los costes y los riesgos sociales, medioambientales y estructurales que conlleva ese cortoplacismo. Los problemas de todo tipo que afectan a la Humanidad se derivan de este Sistema incapaz de plantear medidas a largo plazo para tratar con los problemas que él mismo está generando.
Sólo desde la ignorancia o desde la mala fe se puede presentar como ejemplo de algo a los empresarios.
Concluyo: no podrá nadie convencerme de que admire, imite o ni siquiera respete este modelo en el que el análisis del futuro y sus retos no existen a la hora de tomar decisiones, y en el que todo vale para que unos pocos se dediquen a destrozarlo todo en su insensata embriaguez de añadir ceros a la derecha en sus cuentas en paraísos fiscales.
Pueden considerar todo esto demagogia barata, pero la prefiero a la demagogia tan cara y tan costosa con la que nos asaltan cotidianamente los empresarios y sus amigos.

From → Economía

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