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Vivan las caenas

octubre 23, 2012

La política española se mueve entre el posibilismo del “todo vale” y el rencor de una reacción que, en el fondo, no quiere olvidar que ganó una guerra y que la ganó de una vez para todas.

El “todo vale” es inherente a la chapuza española. En este país se vive a la que salta y no se hace más que el mínimo esfuerzo necesario para salir del paso.

Todo vale es la política que ha asumido la “izquierda” desde la Transición. Como las cosas, mal que peor, funcionaban, es mejor dejarlas como están.

Así, se mantiene inamovible una Constitución elaborada hace 34 años, que fue un compromiso con los herederos de una dictadura fascista y que contiene sustanciales características de inmovilismo. La Constitución fue un lampedusiano cambiar para que nada cambie, y seguimos manteniendo unas estructuras de poder y organización del Estado enraizadas en el franquismo.

De nada sirve plantear que el país, su economía, su sociología, su cultura y su relación con el mundo han cambiado significativamente en estos 34 años. La Constitución va a seguir siendo el marco de referencia eterno e incuestionable y, en la actualidad, sólo una minoría radical se atreve a decir que esto ya no vale, que el marco legal actual es profundamente inadecuado y que ya ha perdido toda legitimidad (si alguna vez la tuvo).

Claro que peor que este inmovilismo de la supuesta izquierda es el rencor agresivo con que la derecha intenta hacer una lectura cada vez más restrictiva y retrógrada de esta Constitución, en la que creen (no sé por dónde la leen) encontrar elementos proclives a la subversión, el caos institucional y la toma del poder por agentes revolucionarios y anti-españoles. Esperen un poco que se me pase la risa.

No voy a hacer, ni mucho menos, un panegírico del gobierno de Rodríguez Zapatero, ejemplo paradigmático de la chapuza española y del todo vale para salir del paso.

Pero ese gobierno llevó a cabo algunas actuaciones que, para la derecha (iba a decir la derecha reaccionaria, pero en España no hay otra),  se convirtieron en un “casus belli”. El matrimonio homosexual, la ley del aborto y la timidísima ley de la Memoria Histórica bastaron para que la Iglesia y los innumerables fascistas que siguen pululando por el país sacaran a relucir otra vez loa anatemas, la Cruzada y se volviesen a escuchar (quiero pensar que metafóricamente) los cerrojos de los fusiles.

Lo peor, claro está, no es esta élite de neomachistas y neoclasistas, sino la borreguil manada que les inunda de votos. Esta gente que vota  a la reacción esta dispuesta a llegar hasta donde sea con tal de mantener el pesebre señoritil en el que se sienten cómodos. Más difícil que luchar contra los amos es luchar contra la mentalidad de los esclavos que cierran fila con el señor cuando éste está sometido a la más mínima cuestión.

Haciendo honor a las esencias patrias, una vez más el pueblo español ha gritado “¡Vivan las caenas!” (como han demostrado las elecciones gallegas, por más que algunos intenten hacer malabarismos con los números).

La verdad es que, en este escenario político (y que equivale, por desgracia, al escenario social), me encuentro cada día más desanimado y a punto de tirar la toalla. ¿Cómo vamos a avanzar hacia una sociedad más libre y más justa, si la población española está, en su mayoría, o contenta con el modelo o, si no lo está, es que les parece demasiado libertario y avanzado?

Si uno hace uso exclusivamente de la razón, si se analizan fríamente los hechos, el futuro en este país es oscuro, fúnebre, con tintes medievales. Me cuesta pensar que un cambio es posible, me cuesta luchar por ese cambio que, como la utopía, se encuentra siempre más allá del horizonte.

Hemos vuelto a pedir que nos pongan las “caenas”, y me pregunto si no habrá que rendirse a la evidencia y asumir que somos pocos, que siempre hemos sido pocos, los que nos sentimos incómodos cargados de cadenas. Este es el país que nos rodea y ser diferentes no puede sino conducirnos al exilio, a la desesperación, al dolor.

“Negras tormentas agitan los aires, nubes oscuras nos impiden ver”. Pero quiero pensar, una vez más, que “aunque nos aguarde el dolor y la muerte, contra el enemigo nos manda el deber”.

From → Política

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