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El imperio que viene

diciembre 31, 2012

En este año que por fin se acaba, ha saltado a los medios una de las tramas de blanqueo de dinero que la mafia china tiene en España. Parece que la gente se ha sorprendido al conocer los alucinantes entresijos de una operación policial que ha terminado con los principales imputados en la calle y con una advertencia del Ministerio de Comercio chino (en la mejor tradición mafiosa) avisando de que este tipo de operaciones pueden conllevar el retraimiento de inversiones de la economía china en España.

La economía china, a pesar de esa irrisoria denominación de República Popular, es una economía capitalista descontrolada que junta los peores métodos del siglo XIX y del siglo XXI para el enriquecimiento desaforado de una minoría formada por las élites del Partido Comunista y el Ejército Popular (la verdad que los nombres suenan a cachondeo).

El entramado económico chino se sustenta en varias líneas de “negocio” a cual más espeluznante.

Por un lado, la fabricación de productos baratos para la exportación masiva a Occidente. Los bajos precios de producción se consiguen a base de falta absoluta de derechos laborales para los trabajadores, que sobreviven con salarios ínfimos, hacinados en dormitorios colectivos de la empresa y obligados a comprar todos sus bienes de consumo en almacenes de la empresa. Adicionalmente, la carencia de cualquier control sobre los desechos contaminantes, proporciona otro significativo ahorro de costes a cambio de envenenar el suelo, el aire y las aguas alrededor de todos los complejos industriales.

Las materias primas se obtienen a precios de saldo comprando en países sometidos a dictaduras (como Sudán, Zimbabwe, Myanmar) con tan mala imagen como para tener dificultades en colocar sus productos en mercados internacionales. O, simplemente, negocian derechos de extracción de minerales o de adquisición de cosechas con las élites gobernantes en países de África, América o Asia que venden barato a cambio de apropiarse de los ingresos sin ningún tipo de control o reparto de las ganancias.

Otra fuente significativa de ingresos es el tráfico de personas, bien para la prostitución o para atender esos colmados donde se trabajan 24 horas al día los 7 días de la semana, para admiración del insigne dueño de Mercadona. Tanto estos empleados como las prostitutas son esclavos que deben abonar la práctica totalidad de sus ingresos para satisfacer una deuda adquirida como consecuencia de los gastos que tiene la mafia (Partido y Ejército, no olvidemos que la mafia china es el Gobierno) para trasladarlos y ponerlos a “trabajar” en Occidente. Añadido y confundido con este tráfico de personas, está el tráfico de drogas ilegales, en especial, heroína.

Como ingreso colateral, estas mafias “comunistas”, expertas en el blanqueo de dinero, ayudan y asesoran (previo pago de las correspondientes comisiones) a los sinvergüenzas de cada país en que se instalan para que evadan capitales a paraísos fiscales.

Los ingresos desmesurados de estas prácticas mafiosas del Gobierno chino se invierten en la compra de artículos de lujo de alta gama (es el país donde el crecimiento de estas compras es el mayor desde hace años y se espera que sea el segundo comprador de artículos de lujo para 2015), en un mercado inmobiliario boyante, en depósitos en paraísos fiscales (157.000 millones de dólares sólo en 2011) y, especialmente, en la compra de deuda extranjera (por ejemplo, China posee títulos de deuda de los EE.UU por valor de $ 1,2 billones –billones europeos-; respecto a España, China es el segundo poseedor de deuda española, aunque no encuentro datos cuantitativos fiables).

Otro destino de las ganancias del Gobierno chino es la inversión en compañías extranjeras, especialmente en los sectores de energía, utilities, minería e infraestructuras, con la adquisición de participaciones de control. En 2012, por primera vez, los acuerdos de inversión de compañías chinas en compañías europeas superaron las inversiones europeas en China.

Dado que China, en la práctica, representa ahora mismo el motor de la economía capitalista mundial y que los países occidentales son rehenes de la elevada deuda que arrastran con China, ésta se encuentra en situación de empezar a dictar las condiciones económicas que deben cumplir estos países si quieren que los chinos sigan invirtiendo en ellos.

Y no se han cortado un pelo a la hora de hacerlo. En un comunicado publicado este pasado mes de Noviembre, China estima que “los países occidentales deben adoptar políticas macro-económicas responsables capaces de tratar la cuestión de la estabilidad financiera”.

Aunque este tipo de verborrea ya sabemos de qué va, por si no quedase suficientemente claro, el señor Jin Liqin, dirigente del fondo soberano China Investment Corporation tiene la amabilidad de explicarlo en el Financial Times, a raíz de dicho comunicado:

“Las dificultades que se han producido en los países europeos proceden únicamente de problemas acumulados por una sociedad que ha vivido de los beneficios sociales. Creo que las leyes sociales están obsoletas. Conducen a la pereza, a la indolencia, más que a trabajar duro”.

Hay que recordar que China dedica, de su presupuesto nacional, un 7,6 % a protección social, un 2,7 % a sanidad y un 4,5 % a educación. En los países occidentales, estas partidas representan entre un tercio y la mitad del presupuesto.

Los gobernantes europeos, sabedores de con qué cartas se va a jugar a lo largo del siglo XXI, ya se han subido al carro del Imperio que viene y están acelerando el camino para adaptar nuestras sociedades a las condiciones de vida y de trabajo chinas, con el fin de hacer sus países más atractivos a los inversores mafiosos. Al fin y al cabo, históricamente, los Imperios siempre han contado con las élites de los países colonizados para que les gestionasen el expolio de la población, a cambio de un poco de poder y un poco de dinero.

En un libro instructivo y recomendable, “Shadow of the Silk Road”, Colin Thubron, el autor, conversa con un intelectual chino y éste le comenta: “En China no tenemos una tradición de respeto por la vida humana. Ése es nuestro problema: la inhumanidad”.

A este Imperio inhumano nos están vendiendo los dirigentes occidentales, a cambio de mantener sus privilegios durante un par de generaciones más; casi echo de menos el Imperio al que nos tenían vendidos durante este último siglo, y del que hablaré en otro día.

No quiero acabar de forma tan negativa. Nada de lo que va a ocurrir está escrito, nada de lo que se avecina es inevitable. Todavía está en nuestra mano tomar las riendas de la situación y escapar a esta siniestra sombra del Imperio que viene.

From → Internacional

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