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El Imperio que se va

marzo 24, 2013

Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor” (Salvador Allende, discurso final desde La Moneda, 11 de septiembre de 1973).

Pocos Imperios relativamente benévolos ha habido en la Historia. Ahora mismo, sólo se me vienen a la cabeza el Imperio Persa de Ciro y el Imperio Maurya de Ashoka.

Pero, en general, los Imperios se caracterizan por establecer un sistema de rapiña donde la metrópoli mantiene un nivel de vida elevado a costa de las exacciones económicas a que somete a otros pueblos, y un sistema coercitivo en el que no se toleran estructuras económicas, legales o políticas que pongan en cuestión la situación de preeminencia y poder que aporta ventajas a las jerarquías de la metrópoli.

La expansión política y económica de los Imperios siempre establece una jerarquía en la que las poblaciones sometidas se ven obligadas a renunciar a parcelas de su bienestar para sostener el status privilegiado de la población dominante y, en especial, de los dirigentes de la misma.

Un aspecto adicional de los Imperios es que, en su mayor parte, intentan imponer su modelo cultural y sus valores a los pueblos sometidos. El imperialismo cultural ha existido siempre pero ha alcanzado su zénit en los usos del actual Imperio gringo.

La ideología gringa es fruto de las raíces históricas sobre las que se construyó la nación: la rama puritana del protestantismo y la expansión armada hacia el Oeste (el Destino Manifiesto), pasando por encima de cualquier obstáculo, especialmente, la cultura indígena y la vida de un número aún no calculado de indios americanos, pero que se estima en varios millones.

El protestantismo (que, en su conjunto, representa el enfoque más integrista del cristianismo) siempre ha sido fuertemente individualista, postulando la relación personal directa del individuo con Dios. El protestantismo, también, cree en la absoluta maldad del ser humano en sí mismo, que sólo puede ser salvado por la Gracia de Dios.

Estos dos principios (individualismo y maldad intrínseca del hombre) no son irrelevantes y están en la base de gran parte del modelo cultural de los EE.UU.

Los puritanos, que emigraron en masa desde Inglaterra al Nuevo Mundo y constituyeron la élite cultural y política de los futuros EE.UU. eran uno de los grupos protestantes más radicales. Influenciados notablemente por Calvino y, creyentes, en gran medida, en la doctrina de la predestinación, contribuyeron a crear un concepto que está en el núcleo de la cultura gringa y que es uno de los conceptos más dañinos que han existido para el bienestar de la Humanidad: Atribuir la pobreza a la predestinación (como signo de desaprobación por parte de Dios) y considerar el enriquecimiento como señal de predestinación a la salvación eterna.

De esta forma, los hombres están salvados o condenados de antemano, y su destino lo muestra Dios por medio del éxito económico. ¿Para qué intentar sacar a los pobres de su pobreza, si eso es un designio divino? No se puede (y, sobre todo, no se debe) luchar contra lo que ha dispuesto Dios desde el principio de los tiempos. Por otro lado, ¿cómo se va a criticar la acumulación incontrolada de riqueza, si eso es un signo de la benevolencia y la aprobación divina hacia el que se enriquece?

De ahí surge esa filosofía de “ganadores y perdedores”, que tan estúpida suena en las películas pero que tan terribles consecuencias tiene. La filosofía del ganador y el perdedor está tan imbuida en la cultura gringa, que los deportes donde existe el empate (como el fútbol), tienen muy escaso éxito en ese país, y en los deportes, como el baloncesto, donde cabe matemáticamente el empate, se obliga a sucesivas prórrogas hasta que éste se deshace. No puede haber más que ganadores y perdedores.

El individualismo, la creencia en la naturaleza corrompida del ser humano, el modelo de ganadores y perdedores por decreto divino y la aceptación social de la riqueza como signo del favor divino: éstos son los mimbres con los que se ha tejido el cesto de la cultura gringa.

Se suma a esto la teoría del Destino Manifiesto, que justifica todo tipo de exacción que contribuya a alcanzar el destino último de los EE.UU.: el dominio de toda la tierra por parte de la sociedad elegida. Sociedad gestada, desarrollada e inmersa en la violencia como medio ineludible para alcanzar sus fines.

Los EE.UU., como Imperio en la época de la comunicación masiva, han tenido un inmenso éxito en propagar su modelo cultural a todos los países sometidos (y a los no sometidos).

En las sociedades actuales, y haciendo caso omiso a lo que son las características más señaladamente humanas (la empatía, la colaboración, el apoyo mutuo, la solidaridad intragrupal y el soporte a los desfavorecidos) se han instaurado como acto de fe una serie de creencias sobre el ser humano y la sociedad, que se presentan como eternas e inmanentes (como todo credo), sin percibir que son sólo un modelo temporal y contingente, que no ha existido durante la mayor parte del desarrollo de la Humanidad y que, felizmente, dejarán de existir en un futuro.

Estas creencias en la maldad intrínseca de los humanos, en la primacía del individuo sobre el grupo, en la inevitabilidad de las diferencias sociales, en la búsqueda del enriquecimiento económico como guía moral y de comportamiento, conforman la esencia del Sistema Capitalista vigente, y son aceptadas, sin ninguna reflexión, por la mayor parte de las personas que viven en este mundo.

Desgraciada y triste como es esta realidad, no debemos olvidar que es el producto de un modelo cultural específico y limitado en el tiempo: el de la sociedad del Imperio americano. A los que amamos a la Humanidad y creemos, profundamente, en las capacidades del ser humano para el bien, para la solidaridad y para el raciocinio, no puede más que alegrarnos que, como ha pasado con todos los Imperios, éste terminará marchándose (más pronto que tarde) por la puerta de atrás de la Historia y pasará a los libros, como pasó el Imperio asirio, como un ejemplo de la brutalidad, la crueldad y la deshumanización a las que pueden conducir algunas construcciones imperiales.

Notas. Algunos datos sobre la violencia existente en la sociedad de los EE.UU.

Con 88 armas de fuego por cada 100 habitantes, EEUU es, con diferencia, el primer país del mundo en número de armas. Para comparar, podemos indicar que en Iraq hay 34,2 armas de fuego por cada 100 habitantes, en España 10,4, en Rusia 8,9 o en Israel 7,3. Claro, que no sólo hace falta un arma, sino también ganas de matar. Suecia tiene 31,6 armas por cada 100 habitantes y no se producen matanzas con la frecuencia que en los EEUU.

EE.UU. gasta 711.000 millones $ en gastos militares (4,7% GDP), seguido por China con 143.000 y Rusia con 71.900. Es también el mayor exportador mundial de armas.

EE.UU. tiene más de 1.000 bases militares en el extranjero, en más de 120 paísies y territorios.

EE.UU. ha llevado a cabo 220 ejecuciones en el último año. En eso, China desde luego que gana, con miles de ejecuciones por año (el número concreto es desconocido).

En EEUU hay una media de casi 208.000 víctimas (mayores de 12 años) de violaciones y agresiones sexuales al año. (Datos del Departamento de Justicia).

From → Sociedad

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