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Ejercicio mental

abril 24, 2013

Para algunos de nosotros, el ejercicio mental que planteo será muy difícil. Para otros, bastante fácil.

Imaginaos que sois una persona normal y corriente. ¿Ya?

Te levantas por la mañana, te miras en el espejo al lavarte la cara ―un poco de inquietud: ¿soy todavía yo? ¡qué mala cara tengo! ¿esto es YA una arruga?―. A desayunar deprisa, a ducharse deprisa (¿o me demoro un poco debajo del chorro?), a vestirse también deprisa, a salir tarifando para el Metro…

Ahí las cosas ya pueden empezar a ser molestas (¿por qué se arrima tanto este tío cada vez que frena el Metro?). O puede que vayas en coche, más molesto todavía (¿es que la tienen tomada conmigo? ¿por qué casi todo el mundo toca el claxon frenéticamente cuando giro, o freno, o cambio de carril?).

Pero eso es nada comparado con lo que te pasa en el trabajo. La gente se fija de una forma estúpida en cómo te has vestido, en qué te has hecho en el pelo esta mañana, ¡hasta en cómo andas! Bueno, a eso terminas acostumbrándote.

 Lo malo es todo lo demás. Cuando haces algo bien, inmediatamente alguno se mosquea, otro intenta arrebatarte el mérito, la gran mayoría ni se da cuenta. Joder, cómo hagas algo mal… se va a enterar toda la empresa, los chismosos van a hacer astillas de tu tronco caído. Si te enfadas, te habrá dado un ataque de histeria, si te resignas se sonreirán en tu cara con aire condescendiente. Si prosperas en el trabajo, todo el mundo supone lo que has tenido que hacer; si no prosperas, es lo natural, no das más de ti.

Los subordinados te ignoran, tergiversan, cuando no sabotean, tus instrucciones y, si les llamas la atención, te achacarán cualquier trastorno hormonal. Los compañeros te miran las tetas y los jefes te quieren tocar el culo. Efectivamente, eres una persona normal y corriente, pero resulta que has nacido mujer.

Ni siquiera está libre de críticas tu decisión de qué hacer con el aparato reproductor que es tu seña de identidad. Si decides que no vas a quedarte embarazada, todo el mundo va a mirarte de reojo por no ejercer el papel reproductor que la Naturaleza y sus representantes en la Tierra te tienen asignado. Si decides que te vas a quedar embarazada, el mundo se va a dividir en los que ya te catalogan como madre (antes que persona, claro), ocupada en dar comida y limpiar culos para el resto de tu vida, y los que también te critican, sobre todo desde el trabajo, donde los jefes sólo piensan que van a tener que pagarte una baja de maternidad y los “compañeros” que te vas por el morro mientras ellos deben hacer tu trabajo.

No voy a hablar de lo que es salir el fin de semana, andar por las calles de noche sin compañía, intentar viajar sola por un país tan “civilizado” como España, o sentarte a leer en un parque al atardecer. No voy a hablar tampoco de Arabia Saudí, Somalia o Pakistán.

Vaya mierda, ¿verdad? Es evidente que no quiero decir que ser mujer sea una mierda, sino que vaya mierda que intentamos hacer de la vida de esas personas normales y corrientes por el hecho, tan sencillo y natural (le ocurre aproximadamente al 50% de los humanos), de tener dos cromosomas XX, en lugar de XY, como los que mandan.

Todo lo que cuento lo he ido viendo a lo largo de años de observación de bastantes hechos insólitos en mis innumerables trabajos (y lo he ido viviendo al lado de algunas maravillosas amigas que me han enseñado todo lo que sé, desde doblar suéters y tender las camisas,  a intentar afrontar inteligentemente los problemas o enamorarme como un loco) y está contado con la suavidad y levedad del que sólo lo analiza y no lo sufre en su carne porque es del grupo dominante.

Otro día, le echamos otro poco de imaginación y pensamos en las personas normales y corrientes que, al final, resultan haber nacido negros, homosexuales, centroamericanos o en una familia de inmigrantes parados. Seguro que nos lo vamos a pasar igual de bien, o aún mejor. Sobre todo si cualquiera de estos roles los mezclamos con el divertidísimo de ser mujer.

From → Sociedad

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