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El fiasco continuo de la política árabe-musulmana de los EE.UU.

junio 30, 2013

Los EE.UU., que son una potencia conservadora y de profundas raíces religiosas, siempre se han sentido más cómodos apoyando teocracias, como la de Arabia Saudí, que frente a regímenes laicos o socialistas. En cualquier caso, la política exterior americana, eminentemente pragmática, ha tenido otro leitmotiv desde la II Guerra Mundial, basado en dos líneas dominantes altamente interrelacionadas:

w  El bloqueo, heredado de la geoestrategia británica, a la gran potencia terrestre (Rusia) para evitar su acceso a puertos marítimos abiertos todo el año, impidiendo de esa manera la aparición de una potencia marítima rival. Esta estrategia de bloqueo ha estado disfrazada, mientras ha sido conveniente, de conflicto ideológico.

w  La garantización del suministro de petróleo, indispensable para el mantenimiento de la industria norteamericana, para la cobertura de la demanda energética interna, y para el transporte, interno y externo, de mercancías y personas, tanto por necesidades de transporte civiles como militares.

Estas dos líneas estratégicas han tenido una relevancia máxima en las relaciones de los EE.UU. con los países árabes y, en general, con los países del Cercano Oriente y Oriente Medio.

Así, los EE.UU. han cortejado a las monarquías teocráticas árabes mediante el suministro de armamento sofisticado y el entrenamiento de sus ejércitos (empeñados, casi siempre, en tareas de represión interna), con el fin de garantizarse el apoyo de las clases más reaccionarias a cuenta de la estabilidad en las zonas producción petrolífera.

Al mismo tiempo, han sostenido, por encima de cualquier consideración, al estado de Israel como gendarme de la zona, encargado de mantener a raya cualquier gobierno que representase una amenaza para los intereses estratégicos de EE.UU. en la zona.

El apoyo a Arabia Saudí (aliado de lo menos fiable, pero principal suministrador de petróleo a la superpotencia) y, sobre todo, la política de bloqueo operativo a Rusia, han llevado a los EE.UU. a embarcarse en una serie de operaciones mal concebidas y planeadas que, para su desgracia, le han causado más quebraderos de cabeza que otra cosa. Un repaso rápido a estas operaciones estratégicas nos puede hacer ver el sinsentido en que se ha convertido, frecuentemente, la estrategia exterior americana.

En el año 1972, Pakistán inició su programa de fabricación de la bomba atómica, mediante el suministro de tecnología china y con el visto bueno y el apoyo de los EE.UU. El objetivo era amenazar a la India, país que había iniciado su carrera nuclear el año anterior y que era considerado, con más o menos razón, un aliado de la Unión Soviética y una economía de tintes socializantes. El resultado es que, ahora mismo, Pakistán cuenta con armamento nuclear siendo un país con una profunda inestabilidad política, soporte logístico de la guerrilla talibán y en riesgo permanente de ser controlado por islamistas radicales, enemigos declarados de los EE.UU. y sus intereses.

En el año 1978, una revolución en Afganistán implanta un régimen de tendencia prosoviética, que inicia una campaña de reformas para modernizar el país (entre ellas, cambios en el status legal de las mujeres y una reforma agraria que son consideradas como una agresión por los líderes musulmanes y tribales del país). Los EE.UU. organizan, desde Pakistán, un movimiento insurgente musulmán que lleva a la intervención de la Unión Soviética y, tras la progresiva radicalización del movimiento, a la toma del poder por los talibán. La preponderancia talibán se consiguió mediante el suministro de todo tipo de armas, asesores y ayuda económica por parte de los EE.UU. y Arabia Saudí a través de los servicios secretos de Pakistán. La guerra contra el poder comunista y sus aliados soviéticos es considerada una guerra santa por multitud de voluntarios musulmanes. El antiguo colaborador de la CIA, Bin Laden, se apoya en estos grupos, armados por los EE.UU., para constituir su organización yihadista Al Qaeda, responsable de innumerables atentados posteriores contra intereses americanos, entre ellos el del 11 se Septiembre.

En 1991, la República Federal de Yugoslavia se disgrega. Las Repúblicas de Eslovenia y Croacia se separan, apoyados económica y armamentísticamente por el Vaticano, Alemania y los EE.UU. ¿Qué pinta EE.UU. en esta zona? El objetivo es arrinconar a Serbia, aliado de Rusia, y debilitar la presencia de Rusia en el Mediterráneo oriental. En 1992, en plena guerra entre Serbia y Croacia, la élite económica de Bosnia, musulmanes, declara su independencia. La población serbia de Bosnia, ante el riesgo de vivir en un país islámico, pretende separarse de ese país e integrarse en Serbia. En la guerra civil que se sucede (plaga de salvajadas por todos los participantes), EEUU, la UE y la OTAN apoyan la secesión musulmana con armas y entrenamiento militar. Gran parte de esas armas y ese entrenamiento van a parar a manos de integristas saudíes y de otros países musulmanes. Posteriormente, muchos de estos veteranos musulmanes de la guerra de Bosnia han participado activamente en planes y atentados terroristas en los países occidentales que les armaron y entrenaron.

En 1994 un golpe de Estado en Chechenia lleva al poder a insurgentes musulmanes que declaran la independencia e inician una limpieza étnica de población no chechena. Una parte de la población no chechena inicia una guerra civil no declarada y, en corto plazo, las fuerzas rusas toman parte en la guerra contra el gobierno musulmán. Empieza así una de las guerras más crueles de las últimas décadas, con constantes violaciones de los derechos humanos por ambas partes. El conflicto se internacionaliza, de forma subrepticia, y decenas de miles de voluntarios musulmanes, financiados y armados por Arabia Saudí y los EEUU luchas al lado del gobierno musulmán y participan en las atrocidades perpetradas por el mismo. La guerra, en dos fases, se mantiene hasta el año 2000. Cuando la guerra acaba, una parte de los militantes chechenos e internacionales mantienen una guerrilla de baja intensidad y otra parte escapa a diversas partes del mundo (Afganistán, EEUU, Alemania y otros países de Europa) donde participan en distintas acciones contra intereses occidentales (a pesar de haber sido armados por Occidente). El último acto, el atentado en la maratón de Boston.

En el año 2011, estalla una insurrección en varias ciudades de Libia, aplastada sangrientamente por el gobierno de Gaddafi. A raíz de estos sucesos, se inicia un revuelta convertida rápidamente en guerra civil, en la que los militantes antigubernamentales son profusamente armados por EEUU, Reino Unido y otras potencias occidentales, las cuales, ante la incapacidad de los rebeldes para tomar el poder, optan por una intervención descarada disfrazada de acción humanitaria. Cuando termina la guerra civil, el país queda en manos de diferentes grupos armados, que siguen luchando entre sí. Uno de estos grupos, de orientación islamista, ataca en Septiembre de 2012 la embajada americana, matando al embajador y a otros tres miembros de la embajada.

Después de todas estas aberrantes intervenciones, ¿cómo puede terminar para EEUU su penúltima aventura en países musulmanes, esta vez en Siria? Una vez armados y financiados desde EEUU y Arabia Saudí (una vez más) los grupos radicales islamistas que luchan contra el-Assad, ¿cuánto tardará alguno de estos militantes en morder (una vez más) la mano que con tan poca inteligencia le alimenta?

From → Internacional

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