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La Democracia

julio 20, 2014

Debo adelantar que he estado durante mucho rato pensando si titular este texto sencillamente “Democracia” o introducir el artículo “la”.

La distinción no es tan trivial como parece, ni el artículo “la” tan inocente como se podría pensar. Me voy a permitir unos minutos didáctico-pedantes para explicar la diferencia de la que estoy hablando.

“Democracia” es una forma de organización política en la que la dirección de los asuntos de la comunidad responde a la voluntad de los miembros de esa comunidad.

En las sociedades complejas o numerosas, es difícil establecer medios para hacer explícita la voluntad de todos los miembros de la comunidad (o lo era hasta ahora, en que la tecnología posibilita la apertura de nuevas vías de expresión del público; posibilita he dicho nada más).

A causa de esta dificultad, los miembros de la sociedad seleccionan a unos representantes, con los que acuerdan que harán llegar y defenderán las opiniones e intereses de los representados en instancias, foros y asambleas a las que no es práctico que acudan todos los miembros de una sociedad. La elección de representantes y la consiguiente delegación puede ejercerse en sucesivos niveles, según la toma de decisiones responde a la voluntad de conjuntos más amplios de población.

Este tipo de democracia se llama democracia representativa. Para que una democracia representativa sea una democracia real y no quede desvirtuada por malas prácticas de los representantes, deben cumplirse las siguientes premisas en la relación entre los representados y su representante:

– El representante lo es de manera temporal.

– El representante garantiza a los representados que sus acciones y planteamientos responderán fielmente, y en todo momento, a la voluntad manifestada y a los intereses de los representados.

– El representante se responsabiliza ante sus representados, a los que debe informar puntualmente de las actuaciones que lleve a cabo y de las opiniones que exprese en su ejercicio como representante. Esta responsabilidad incluye el derecho de los representados a supervisar y valorar las acciones del representante en el ejercicio de su función.

– El representante es revocable por los representados, en cualquier momento, si no cumple las instrucciones acordadas entre él y sus representados, o es incapaz de ejercer adecuadamente la representación, o actúa, de cualquier modo, en contra de la voluntad e intereses de los representados.

– El representante no es más ni tiene más privilegios, en ningún aspecto, que los representados. De hecho, como delegado por los representados para una labor concreta, se podría decir que se encuentra al servicio de ellos.

Una vez expuesto lo que es democracia, creo que es evidente para todos que ni en España ni en ningún país del mundo existe democracia, ni representativa ni de ningún tipo.

“La Democracia” podría ser simplemente la determinación (por medio del artículo) del sustantivo democracia. Pero me temo que, hoy en día, cuando se habla de “La Democracia”, así con artículo, lo que se está haciendo en realidad es vulgarizando y rebajando la palabra, como un medio más de prostituir y anular su significado. Es lo mismo que cuando a una mujer que se llama Remedios o Eurídice, se la nombra como “La Remedios” o “La Eurídice”. Es todo más coloquial, más paleto y, sobre todo, infinitamente menos respetuoso.

No sé en otros países pero aquí, en España, lo que prospera es “La Democracia”, ente de la misma ralea que La Remedios o La Eurídice y que ya se inventó en la época de Francisco Franco con el apellido “orgánica”: La Democracia Orgánica. Ahora ese apellido lo han dejado para los tomates, pero la esencia paleta, vulgar, ignorante, chulesca y barriobajera de La Democracia sigue siendo la misma.

Una demostración de cómo se entiende La Democracia es la prohibición de que en Cataluña se celebre un referéndum sobre la permanencia o no de ese país dentro del Estado español. Se acusa a los políticos catalanes de no respetar las reglas “democráticas” por no estar de acuerdo con la interpretación que se hace en la Constitución sobre la capacidad de convocar referéndums o la posibilidad de segregarse de España. La interpretación que hace, entre otros, un subproducto de La Democracia que es el Tribunal Constitucional. En definitiva, lo que no se respeta son las reglas de “La Democracia”.

Porque, ¿no sería más democrático atender a la opinión expresada por la mayoría de los ciudadanos catalanes en las urnas que a la opinión de una docena de juristas endogámicos, de origen sospechoso y de mandato interminable?

No me convence el plebiscito como forma de democracia. Es muy fácil manipular el sentimiento colectivo (conste que no digo el pensamiento colectivo, porque eso no existe). Todos los dictadores han utilizado el plebiscito como forma de legitimación. Y los han ganado; eso es innegable por más que, en añadidura, los hayan manipulado para ganar por el 99% de los votos. Los dictadores siempre han sido, además de sanguinarios, ridículamente celosos de su imagen.

Pero ¿no es más democrático un plebiscito que la decisión de media docena de “enteraos” a los que nadie ha elegido, que no deben dar cuentas a nadie, que no tienen más legitimidad que la que ellos mismos se otorgan y que más recuerdan al oráculo de Delfos que a un verdadero tribunal?

No me encuentro cómodo con los nacionalismos, verdadero “opio del pueblo”. Tampoco con el nacionalismo catalán, esencialmente producto de una de las burguesías más explotadoras, rapaces e insolidarias de Europa. Burguesía que, por otro lado, no ha tenido el menor rubor en apoyarse, en distintos momentos de la Historia, en los elementos más reaccionarios de España, incluyendo el Ejército, cuando ha necesitado acallar violentamente las reivindicaciones obreras.

Pero, ¿es “democracia” cuando gana el nacionalismo español y no es “democracia” cuando gana otro nacionalismo ibérico?

Termino. Me preguntaba si “La Democracia” (como opuesto y degeneración de una sana democracia) es un engendro que prospera en el solar ibérico. Creo que no es arriesgado afirmar que esa especie de pelagra se extiende y se contagia por todo el Planeta.

No sólo porque los supuestos representantes no lo son de los ciudadanos, sino de los partidos políticos.

Es porque las tomas de decisión reales, y que afectan en profundidad a la vida y la suerte de los ciudadanos, las llevan a cabo organismos que no son elegidos democráticamente, que no tienen la menor intención de serlo y que sólo responden ante los Amos (de los que espero hablar otro día). Sin pretender ser exhaustivo, ahí van algunos de estos organismos que deciden al margen de cualquier representatividad:

– La Comisión Europea o el Consejo de la Unión.

– El Departamento de Defensa americano.

– El Banco Europeo.

– Las agencias de calificación económica.

– El Fondo Monetario Internacional.

– Los Consejos de Administración de los Bancos y, en general, de las empresas.

Uno, que no ha dejado nunca de ser un pobre romántico, sigue empeñado, como en la época de Franco, en pensar que si algún día logramos implantar una democracia, se acabarán muchas de las miserias e injusticias de este mundo. Pero a lo mejor lo que ocurre, simplemente, es que soy sólo un viejo que se ha quedado medio colgado en un tiempo y un mundo inexistentes…

From → Política

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