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Cuentos chinos

abril 5, 2015

Si hay una palabra que se ha desacreditado en las últimas décadas es “popular”. El Partido integrista y reaccionario que gobierna en España se denomina Popular, el Banco y la emisora de radio de la Conferencia Episcopal española se llaman Popular, Belén Esteban y los programas de Tele 5 son populares…

Aunque para mí, uno de los mayores descréditos de esa palabra es que la dictadura capitalista que gobierna en China se autodenomine República Popular China.

Desde que Deng Xiaoping abrió en 1979 la economía china a las reglas del mercado y al capital extranjero, se ha producido un crecimiento económico acelerado que, como era de esperar, ha beneficiado a una minoría: la nueva clase empresarial formada por cuadros del Partido y dirigentes del Ejército Popular. Esta élite económica se ha beneficiado de la asignación a sus intereses privados de fábricas, conglomerados industriales y otros recursos previamente de titularidad pública. Adicionalmente, la legislación promulgada por la Asamblea Popular a lo largo de los años 2000 ha promovido todo tipo de beneficios fiscales y protección de las empresas privadas que, en 2011, ya representaban el 90% de las empresas en China.

Si sumamos a esta protección el hecho de que los obreros chinos carecen de cualquier tipo de derecho laboral, están sometidos a jornadas de trabajo interminable, con salarios reducidos y sin que las empresas se gasten un duro en garantías de seguridad o salubridad en los centros de trabajo, resulta que la República Popular China se ha convertido en el paraíso de la empresa capitalista.

Como colofón, la absoluta permisividad en cuanto a la degradación y contaminación del medio evita a las empresas el coste adicional de producción que conllevan las medidas de prevención o reparación del daño ambiental.

China es el segundo país más contaminante de la Tierra y pronto será el primero a base de la falta de controles ambientales y del uso masivo de carbón como fuente de energía (no olvidemos que el primitivo medio de quemar carbón sigue siendo, en costes directos, el medio más barato de obtener energía).

Aunque las empresas extranjeras tienen ciertas barreras para instalarse en ese paraíso neoliberal, muchas de estas barreras se levantan con los (cuantiosos) sobornos adecuados a las personas clave del Régimen Popular. El que empresas como General Motors, CocaCola, Apple o McDonalds y muchas otras obtengan sustanciosos beneficios en China es una de las razones por las que el régimen tiránico de China nunca es objeto de ninguna crítica en la prensa occidental (aparte de ser el primer acreedor de los EEUU).

La inmensa riqueza de los nuevos multimillonarios chinos, evidentemente, no se redistribuye para mejorar las condiciones de vida en el país. Como buenos capitalistas, los millonarios chinos, tras acumular numerosos ceros a la derecha en sus cuentas, trasladan la mayoría de su dinero a paraísos fiscales o lo invierten en países en los que tienen facilidades para manejar su dinero de forma opaca, como España.

El capitalismo chino se expande, siguiendo la lógica del Sistema, por todo el Planeta, con diversos modos de penetración:

  • En África, al más puro estilo colonial, saquea las materias primas a cambio de sobornos a la clase gobernante de esos países. Esta clase se enriquece, el capitalismo chino se enriquece, y la población local queda sumida en la miseria y expoliada de sus recursos.
  • En Iberoamérica el modelo es similar pero al encontrarse con sociedades civiles más avanzadas, el saqueo es menos descarado y el reparto de beneficios ligeramente más favorable a sectores locales.
  • En el Sur de Europa, la inversión es más lenta y compleja pero, poco a poco, van haciéndose con sectores económicos con la complicidad de las élites locales.
  • Por último, está la pura especulación financiera, comprando deuda soberana, “reflotando” empresas en crisis, creando fondos de inversión opacos y depositando dinero en paraísos fiscales.

La corrupción que se deriva de la colusión de intereses entre el Poder político y el Poder económico, de la nula transparencia en la gestión gubernamental y de la ausencia total de medio de denuncia de los abusos, ha convertido al Régimen y a los capitalistas chinos en una verdadera Mafia que mezcla, sin ningún reparo, todo tipo de negocios legales e ilegales con los que poder enriquecerse.

Así, algunas de las principales actividades que lleva a cabo la élite económica china (recordemos, principalmente miembros del Partido y el Ejército) son el tráfico de personas, la prostitución y el tráfico de drogas ilegales.

Un ejemplo paradigmático y cercano de las actividades del capitalismo chino es lo que ocurre en el Sur de Europa. Por ejemplo, la empresa pública china Cosco se ha hecho la explotación de la mitad del puerto griego de El Pireo mediante una privatización parcial del mismo. Esto ha implicado un buen pellizco para el anterior gobierno griego (que no ha visto el pueblo, evidentemente) y la creación de una zona de prácticas mafiosas en las operaciones de esa mitad del puerto, donde se han rescindido los contratos anteriores y se contrata ahora sólo a los que admiten una bajada sustancial en sus condiciones laborales y su salario. Sólo la llegada de Syriza al gobierno ha paralizado la prevista privatización completa del puerto.

En España, tema que conozco más de cerca, la mafia capitalista china invierte, de forma visible, en el principal activo que tiene este país, el inmobiliario, como la reciente compra del Edificio España de Madrid por el empresario Wang Jianlin.

Pero una parte sustancial de los negocios chinos en España están más cerca de lo “invisible”.

Las mafias estatales chinas “exportan”, de manera ilegal, personas que al llegar a España deben pagar el coste desmesurado de su billete de una de dos formas: mediante la prostitución, en el caso de las jóvenes, o mediante el trabajo esclavo en “sweat shops” o en tiendas al por menor, abiertas casi 24 horas al día.

Uno de los aspectos más curiosos de esas tiendas chinas es que siempre se les ha concedido (desde la Administración española), libertad de horarios que no tenían el resto de los comercios. Me pregunto cuál habrá sido el pago para obtener esa concesión.

Una vez que la mafia empresarial se hace con un local de venta al público (y el número de locales crece de forma absolutamente ilógica), instala un grupo de esclavos a trabajar sin descanso, con unos salarios ínfimos (con los que deben pagar su “pasaje”) y sometidos a un régimen de control y amedrentamiento que puede percibirse si alguna vez has tenido la desgracia de asistir a la toma de recaudación diaria por un sicario que ga descendido de un vehículo de lujo.

Lógicamente, la relación entre los precios a los que compran y a los que venden esas tiendas, por mínimos o nulos que sean los salarios, no puede reportar beneficios. Éstos proceden del blanqueo del dinero negro que está obteniendo la mafia mediante actividades no legales como la prostitución o la distribución de drogas ilegales.

Podría seguir narrando los entresijos de esa red mafiosa del Ejército Popular y el Gobierno de la República Popular China, pero creo que ya es bastante.

Sólo quiero hacer notar, para terminar, a qué tipo de entramado mafioso estamos sosteniendo cuando compramos esos productos “baratos” en los almacenes chinos y qué modelo de explotación laboral y social estamos permitiendo que exporten los capitalistas chinos.

Como leí una vez en la red, no recuerdo a quién: “¿Pensáis que podéis comprar a los chinos y no terminaréis viviendo como los chinos?”

From → Internacional

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