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Cambio climático y contaminación (I)

enero 16, 2016

Hace pocas semanas terminó la Cumbre del Clima en París y se ha organizado el gran circo con cientos de políticos y mandatarios mostrando su inmensa preocupación (como siempre), esta vez por los efectos de las emisiones de CO2.

Cuando antiguos negacionistas del cambio climático (llamarles “escépticos” me parece dotarles de una categoría intelectual de la que carecen) como el zurullo del presidente Rajoy se han dejado llevar por la corriente dominante uno no puede dejar de sentir sospechas sobre qué hay detrás de este cambio.

Que los humanos influimos sobre el clima desde la Revolución Industrial es un hecho que ya nadie en sus cabales puede negar. Hay quien argumenta que nuestra influencia sobre el clima se remonta ya a unos 5.000 años, a causa de la emisión de metano que produce el cultivo de arroz, la deforestación masiva asociada a la agricultura y la emisión de anhídrido carbónico asociada a la quema de bosques que, por ejemplo, acabaron con la masa forestal australiana en unos pocos miles de años. Pero, muy probablemente, esos efectos no hayan sido tan masivos como los de la quema de combustibles fósiles en los últimos 150 años, especialmente dado el escaso número de humanos al inicio de la era agrícola.

Volviendo a la citada Cumbre de París, en ésta se ha llegado a un supuesto acuerdo para limitar el incremento global de temperaturas por debajo de 2º C sobre los niveles pre-industriales.

Es interesante recordar que, desde todos los medios, se hace un énfasis desmesurado sobre los efectos del anhídrido carbónico, obviando otro potente gas de invernadero como es el vapor de agua y que, junto a éste, se encuentran el metano o el óxido nitroso. Con premisas tan simplificatorias, no sé qué análisis en profundidad se ha podido hacer sobre las medidas a tomar.

Como lector impenitente, he tenido la santa paciencia de leerme el protocolo aprobado y es, como esperaba, una larga letanía de lugares comunes, declaraciones de intenciones y terminología grandilocuente en el que hay escasísimas concreciones en cuanto a medidas a tomar para alcanzar ese objetivo mágico de los 2º.

Uno es escéptico por naturaleza y mal pensado por experiencia, por lo que me cuestiono cuáles son los motivos que han llevado a definir un objetivo tan específico cuando el resto del protocolo carece de la menos especificidad.

En realidad, lo que se ha acordado no compromete a nadie a nada concreto, sino que todo se deja a criterio de los respectivos Gobiernos, que marcarán sus límites de emisión de CO2 y las medidas que tomarán para alcanzarlos. No hay tampoco ningún tipo de supervisión ni de medidas de estímulo o coerción para cumplir los objetivos. En resumen, cada uno definirá lo que quiere hacer y nadie supervisará siquiera si esas acciones se llevan a cabo. La mano de los EEUU, Arabia Saudí, China y otros grandes contaminadores ha convertido el acuerdo en papel mojado antes de ponerlo en práctica.

Desde luego, toda esta parafernalia que han montado los Gobiernos mundiales no hubiese tenido lugar sin la aquiescencia y visto bueno de los que realmente mandan, que son las grandes corporaciones industriales. Estas corporaciones y otros centros de Poder llevan estudiando el cambio climático desde hace décadas y no habrían admitido ninguna medida que pusiese en peligro sus intereses económicos a corto y medio plazo. De hecho, es lo que han estado haciendo en las últimas décadas con respecto al calentamiento global.

Sospecho que el análisis realizado se basa en los siguientes parámetros:

  • Un incremento de 2º C es suficiente para deshelar el Océano Ártico totalmente, al menos durante una parte sustancial del año, lo que permitirá la explotación de los recursos minerales de su fondo y el uso de esas aguas como vía de transporte más corta y más barata que el Canal de Panamá.
  • Ese incremento, además, aumentaría la capacidad agrícola de los países del Norte (cultivos a mayores latitudes y mayor periodo de crecimiento y maduración). Como contrapartida, los países de latitudes más bajas se encontrarían con problemas en su producción alimentaria. Pero esos países son pobres y, por tanto, que se jodan, como diría Andrea Fabra.
  • Sin embargo, incrementos superiores a los 2º pueden llevar a efectos incontrolables en el clima, especialmente si se derriten las grandes masas de hielo terrestre (Groenlandia y la Antártida) que, además, sí que afectarían sensiblemente al nivel del mar en el planeta.

Así que estos delincuentes han hecho su apuesta por un escenario con las ventajas de un calentamiento mesurado y sin las desventajas de un calentamiento descontrolado.

Aunque la mafia planetaria no es tan tonta ni tan descuidada como a veces queremos creer, sí lo es lo suficiente como para apostar por una situación que no tiene ninguna garantía de ser controlable: ni los patrones del clima terrestre se conocen más que muy superficialmente, ni las medidas a tomar están definidas, ni, sobre todo, puede uno fiarse de que estos trileros no se pongan a hacer trampas desde el día siguiente a la aprobación del protocolo. Al fin y al cabo, no dejan de ser capitalistas, es decir, esencialmente mentirosos y tramposos.

Mientras tanto, se pasan por alto o se confunden otros problemas de contaminación derivados del modelo capitalista de consumo, como la emisión de gases tóxicos que atenazan las atmósferas de todas las ciudades del mundo, en un radio de decenas de kilómetros. Pero este tema requiere un poco más de tiempo y lo dejo para otro día.

From → Sociedad

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