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Imperios en decadencia

junio 25, 2016

Una profesión que, en la época actual, es digna de lástima es la de historiador. Histórico es ahora que una selección de fútbol supere una eliminatoria, del concepto de “clásico” se apoderan también partidillos de fútbol y los eventos que marcan el siglo son asimismo enfrentamientos futbolísticos. En fin, que los historiadores del futuro, si aún existen, escribirán la historia de nuestros tiempos basándose en las crónicas del Marca o del Sport.

Unida a esa trivialización de lo histórico se encuentra esa banalización del proceso mental que representa el “presentismo”. Nada importa salvo el presente o, como mucho, el plazo inmediato, y el pasado se convierte en una nebulosa inconsistente a partir de un par de meses para atrás. Eventos con la trascendencia para todo el siglo XX y el XXI, como la I Guerra Mundial, se encuentran ya fosilizados en remotísimas capas del tiempo, junto al primer Imperio de Babilonia o la invención de la cerámica.

Este presentismo ha sido constante en estos días en que todo dios ha aportado sus comentarios inanes y repetitivos sobre la salida del Reino Unido de la UE. Los más atrevidos se han remontado en su análisis hasta las últimas elecciones británicas o han osado especular sobre lo que pasará a lo largo de la semana que viene. Todo ello, eso sí, impregnado (tanto a derecha como a “izquierda”, si se me permite la broma de utilizar este último vocablo) del discurso institucional y conservador del que es imposible o peligroso salirse.

Como nadie se ha tomado la molestia de dar un paso atrás y echar una miradita con una perspectiva un poco más amplia, me voy a permitir la pedantería de echarle una pizca de sal histórica al acontecimiento de la semana.

El hecho es que Inglaterra nunca se ha sentido partícipe de la política europea, salvo en los casos en que ha tenido que intervenir para “poner orden”, cuando alguna potencia continental se acercaba demasiado a una hegemonía indeseable para los británicos. En esos momentos, Inglaterra organizaba coaliciones temporales con países europeos opuestos al hegemónico y, una vez devuelto el equilibrio al Continente, los británicos se retiraban a su “splendid isolation”, protegidos al otro lado del Canal.

Tratados, alianzas, coaliciones eran efímeras y duraban lo que el Imperio inglés creía necesario para disipar la supuesta amenaza a sus intereses.

A Inglaterra le fue bien durante siglos enrocada en su espléndido aislamiento (sólo interrumpido para cañonear, saquear y ocupar puertos a lo largo de todos los mares) hasta que, como a todo Imperio, le llegó la decadencia.

El papel de Gran Bretaña en las dos Guerras Mundiales ya reveló las limitaciones de una potencia agotada que, en ambos casos, debió su supervivencia a la máquina militar y el esfuerzo de países terceros aliados. Sin embargo, en el Reino Unido se mantuvo la ficción imperial hasta el fiasco de la aventura colonial de Suez en 1956. En eso momento quedó patente que la histórica zona de influencia británica en el Cercano Oriente y en Oriente Medio ya no era tal, y que los Imperios que marcaban la pauta de lo que se podía o no se podía hacer en el Mundo, eran el soviético y el yanqui.

La crisis de identidad y de autoestima que causó en los ingleses la retirada obligada del Canal de Suez se vio intensificada por la crisis cultural de los años 60, sumada a la guerra no declarada en el Ulster y la independencia de todas las colonias africanas.

Inglaterra, que había respondido a la creación de la Comunidad Económica Europea (CEE) con el invento de la EFTA se vio en la humillante tesitura de abandonar su invento y limosnear la entrada en la CEE, que le fue concedida en 1973, en plena crisis del petróleo, dejando tirados a sus antiguo socios comerciales (Portugal, Noruega, Islandia, Austria…).

La entrada del Reino Unido en la órbita franco-alemana nunca fue aceptada por los británicos más que como un mal menor ante la pérdida de su status imperial. Contra toda su trayectoria histórica, Gran Bretaña aceptó ser cola de león antes que cabeza de lo que fuere, y se integró (bien que a medias y con significativas cláusulas restrictivas) en la esfera de influencia económica alemana. Todo con tal de no hundirse en la insignificancia geopolítica.

La realidad es que el Cuarto Imperio Alemán nunca terminó de ser entendido y aceptado por los ingleses que, en cualquier caso, siempre han considerado a los Imperios terrestres europeos (Alemania o Rusia) como meros depredadores de sus vecinos; y con razón.

Lo que no percibió en su momento el Reino Unido es que Europa era, tanto como ellos, otro Imperio en franca decadencia. Ha bastado que los bárbaros (que en esta época proceden del Sur y del Este del Mediterráneo) pongan cerco a Europa para que los británicos se hayan dado cuenta de que Europa no es ninguna barrera contra la degradación que, para una sociedad profundamente racista como siempre ha sido la inglesa, representa la llegada de los inmigrantes. La barrera debe volver a ser, como antes, el Canal de la Mancha y los ingleses, si han de hundirse en la decadencia, será en medio de su espléndido aislamiento y no acompañando el titánico y colosal hundimiento que espera a los europeos.

El resultado del referéndum de salida de la Unión Europea es, por tanto, la elección de una sociedad enferma, racista y avejentada, que prefiere morir sola a hacerlo en el asilo junto con otra retahíla de países enfermos, racistas y avejentados. Es escoger cómo gestionar mi propia decadencia xenófoba y no alinearme con los modelos de la decadencia xenófoba del Continente. Si es evidente que no van a poder salvarme, porque ustedes se están hundiendo como yo, al menos déjenme hundirme solo, ya que mi orgullo sufrirá menos.

Si uno no fuese ya un escarmentado de todo, me alegraría de que las estructuras de Poder (tanto las europeas como las británicas) se cuarteasen, en vez de reforzarse por medio de la unión. Que las tomas de decisiones se llevasen a cabo en comunidades cada vez más pequeñas, hasta que las decisiones fuesen obra de cada uno de los individuos en su, esta vez sí, espléndido aislamiento.

Pero no va a ser así. El Poder reside en esferas más altas y en lo único en que esto le va a afectar es en que habrá unos meses de movimientos especulativos en la Bolsa y el mercado de divisas, con el resultado de que algunos ricos incrementarán aún más su riqueza a costa de una mara de pobres. Como siempre, todo lo que ocurre desemboca en la transferencia de aún más dinero de los muchos a los pocos.

De todos modos, uno que es un romántico, no puede dejar de sentir cierta satisfacción al ver que, al menos, los ingleses van a dejar de marchar con el paso de la oca y cantar el Horst Wessel para rendir pleitesía a la Cancillería de Berlín.

From → Internacional

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